Cantábrico - El Viaje - Agua
Abismo Esmeralda y Yunque de las Tormentas. Soy la furia de la galerna que azota la costa y el azul plomizo que oculta los secretos de mis fosas abisales, donde la luz se pierde y el silencio se hace eterno. Soy el camino de los balleneros que desafiaron mis olas en busca de horizontes lejanos y la fuerza que esculpió el Flysch de Zumaia y los bufones de la costa asturiana. Soy el refugio del calamar gigante en el cañón de Avilés y el eco de las sirenas de los puertos que anuncian el regreso de los arrantzales y marineros a casa.
Hoy te hablo desde la paz de mis bosques de algas y la mística de mi plataforma continental, porque bajo mi manto de espuma y braveza late un corazón que ha sabido ser frontera de hierro y puerta de libertad. No me mires solo como una despensa de plata o una playa de verano; mírame como el motor que forjó el carácter recio de los pueblos del norte, el hogar que hoy reclama que tú también te conviertas en el custodio de su pureza y su equilibrio.
Desde la nobleza de la Bahía de Santander hasta el rincón más salvaje de la Costa da Morte, desde el estruendo de mis marejadas hasta el silencio de mis bancos de arena, ya hay quienes han decidido que el silencio no será nuestra herencia. No navego solo; llevo conmigo la memoria de quienes me respetaron, de aquellos que con manos curtidas por el frío y el salitre entendieron que mi salud es la suya. Ellos son ahora el murmullo de mis mareas y el aliento que agita mis bosques de quelpos y mis praderas submarinas.
Fui el límite del mundo conocido y el puente hacia el Atlántico indomable, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de misterio y vida. ¿Estás listo para dejar de ser habitante de la orilla y convertirte en el Caballero que el Cantábrico necesita?